Cómodamente sentado en el palco, a la espalda de su maestro Cruyff y
flanqueado por su amigo Estiarte y por su ex compañero Txiki
Begiristain, Pep Guardiola vio a un Barça diferente. Al margen de las
bajas, este Barça no se parecía en nada al de la temporada pasada. Es
más, el Valencia cuestionaba ese escudo que lucían los barcelonistas por
primera vez. No parecían realmente campeones del mundo.
¿Qué le
pasaba a este equipo? Cuesta ver cómo Xavi e Iniesta no logran hacer
funcionar la máquina, cómo La defensa sufre ante las embestidas
valencianistas capitaneadas por un Jordi Alba que justificó por qué
prometía tanto en sus tiempos en el Cornellà juvenil. Fue el joven
jugador catalán quien quiso cuestionar a Valdés en los primeros minutos,
con un remate a centro de Miguel que se fue fuera.
El Barça no
encontraba el camino hacia la meta de César y, en cambio, el Valencia se
iba envalentonando. Pablo Hernández probó fortuna dos veces ante el
meta blaugrana antes de que Milito conectara el primer cabezazo entre
los tres palos de la portería ché, con buena respuesta por parte de
César. Pero el dominio seguía siendo che. Y más cuando el canario Silva
también mostró su tarjeta de presentación. Primero, en un chut desde
fuera del área que se estrelló en la defensa. Después, en un intento de
pase de la muerte a Maduro que Valdés –otra vez Valdés- desbarató.
A
los de Emery les faltaba Villa. Quizá con él, otro gallo hubiese
cantado en esa primera parte. El ‘Guaje’ no pudo rivalizar con un Messi
que sólo se dejó ver en dos acciones puntuales en la recta final del
primer acto. Robó primero un balón en el centro del campo pero disparó
al exterior de la red de César. Era el minuto 31. Y cuatro minutos
después, recibió un gran balón de Xavi pero probó el regate imposible
apurando la línea de fondo ante César… y no le salió.
Fueron los
únicos momentos de esperanza de que el Barça recuperara su imagen. Más
bien un espejismo porque el 0-0 fue el mal menor ante un Valencia que
buscó el gol pero no lo encontró. Para colmo de males para Emery,
Albelda ni siquiera llegó al descanso. Se resintió de su lesión y tuvo
que dejar su puesto a Manuel Fernandes.
Y ENTONCES LLEGÓ
MESSI
Había que buscar soluciones. La primera decisión
transmitida por Pep Guardiola a su inseparable Tito Vilanova desde el
palco fue apostar por Henry en detrimento de un Bojan que debe
plantearse muchas cosas. Entre ellas, intentar aprovechar mejor las
oportunidades que tiene, porque en la primera parte ni se le vio.
En
cambio, Titi sí que salió a comerse el mundo, como si se tratara de un
canterano con hambre. El Barça cambió como de la noche a la mañana.
Apareció el equipo que enamora al Camp Nou, multiplicando sus llegadas a
los dominios de César, que tuvo que emplearse a fondo tras un centro de
Henry y un remate, tal y como le venía de Messi.
Sí, Leo Messi.
De sus chispazos de la primera parte pasó a una traca fallera tan
contundente como efectiva. Se quedó el balón que le dio Xavi. Se fue de
Banega, de Bruno, de Dealbert, desequilibró a César y rompió el partido.
Es lo que se le pide a un crack como él. Es lo que se sueña pero no
siempre se consigue. Leo lo hizo realidad.
El 1-0 hizo reaccionar
a Unai Emery, que quitó del campo a un deslucido ‘Chori’ Domínguez y
tiró de altura con el ex ‘sacapuntos’ Zigic. Y estuvo a punto de ser un
cambio oportuno porque justo después de que Muñiz anulara justamente un
gol a Maxwell en fuera de juego, el balcánico sacó los colores a Piqué y
Milito y se escapó solo hacia la portería blaugrana. Una jugada mortal
de necesidad, si no fuera porque Víctor Valdés salió como un coloso para
desviar. Era el minuto 68 de partido.
MÁS VERDE QUE MADURO
Este
serio Valencia de la primera parte pareció perder los papeles ante el
cambio de decoración. Como los perdió el holandés Maduro ganándose con
todo merecimiento la segunda amarilla por una falta en el centro del
campo. Para postre, Bruno se lesionó y creo otro dolor de cabeza al
técnico che, porque la banda izquierda de su defensa se iba a convertir
en una autopista.
Y en el día que se inicia el Mundial de F-1,
cuando todos elogian a Alonso, quien puso la directa fue Messi. Más
Messi que nunca. Eso sí, con la inestimable colaboración de Henry.
Minuto 81, el francés realiza un cambio de juego al argentino, quien se
va hasta de la Fallera Mayor otra vez para batir a César. Y por si el
Valencia, rodilla en tierra, pensaba en incorporarse, otra jugada de
tiralíneas entre Iniesta y Henry para que el galo diera otro balón a
Leo. Ni corto ni perezoso, la ‘Pulga’ materializó un ‘hat trick’ de
campeón.
La ovación del respetable cuando Messi se retiró,
sustituido por Touré, fue más que merecida. ¡Cómo cambió la historia de
este partido el argentino, más Pichichi que nunca! Pero también es justo
decir que el cambio de Henry por Bojan tuvo algo que ver. Bastante. El
campeón recobró su imagen a lo grande, por si alguien, en el centro de
España, tenía dudas.
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